El campo del municipio de Pénjamo, Guanajuato, atraviesa uno de sus momentos más críticos en los últimos años.
Productores de maíz denuncian una combinación de acaparamiento, incumplimiento de precios pactados y falta de intervención gubernamental, factores que hoy colocan al sector agrícola local al borde del colapso económico.

De acuerdo con testimonios de los propios campesinos, alrededor del 30 por ciento del maíz producido no ha sido comprado, mientras que el grano que sí logra colocarse en el mercado se paga por debajo del precio previamente acordado.
El costo por tonelada cayó de 5 mil 200 pesos a 4 mil 800 pesos, una diferencia que representa fuertes pérdidas para quienes ya invirtieron en semillas, fertilizantes, riego y mano de obra y es que los centros de acopio han dejado de recibir el grano bajo el argumento de que “ya no tienen espacio”, situación que mantiene silos y bodegas saturados, sin una fecha clara de comercialización.
Para los agricultores, el problema va más allá de la logística: denuncian que los industriales no están comprando el maíz nacional, privilegiando la importación de grano transgénico proveniente de Estados Unidos por ser más barato.
“Vas a cobrar y te dicen que esperes, que no hay comprador. El maíz ya está ahí, almacenado, y el productor es el único que sigue absorbiendo las pérdidas”, señalaron agricultores afectados.
Algunos productores reportan hasta 12 mil toneladas almacenadas, grano que corre el riesgo de deteriorarse y convertirse en pérdida total.
La situación ha encendido alertas en el sector agrícola regional, ya que Pénjamo es una zona estratégica para la producción de maíz y sustento de cientos de familias campesinas, por lo que advierten que, de no existir una solución inmediata, el impacto se reflejará no solo en el campo, sino en la economía local y la seguridad alimentaria.
Entre las principales exigencias del sector se encuentran la intervención inmediata del Gobierno Federal, la garantía de precios justos, así como apoyos directos que permitan a los agricultores enfrentar la crisis y continuar produciendo.
Para los trabajadores del campo, el mensaje es claro: el campo sigue produciendo, pero sin condiciones justas, se está llevando al límite.

