El fenómeno climático ya está establecido en el Pacífico ecuatorial y la Organización Meteorológica Mundial prevé que alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026; para México, y particularmente para el occidente, el comportamiento de las lluvias, el calor y la disponibilidad de agua podría verse modificado durante los próximos meses.
El fenómeno de El Niño volvió a instalarse en el océano Pacífico y lo hace con una señal que mantiene en alerta a los servicios meteorológicos: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima una probabilidad cercana al 100 por ciento de que permanezca activo hasta febrero de 2027 y anticipa que podría alcanzar una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máximo hacia finales de este año.

Aunque El Niño no significa que todas las regiones vayan a experimentar automáticamente sequía, calor o lluvias intensas, sí modifica la circulación de la atmósfera y redistribuye las zonas donde se concentra la lluvia y el calor. En México, uno de los territorios que históricamente puede resentir estas alteraciones es el occidente del país, donde se encuentra Michoacán.
¿Qué es El Niño y por qué puede cambiar el clima?
El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un ciclo natural del sistema océano-atmósfera que ocurre en el Pacífico ecuatorial. Su fase cálida aparece cuando las temperaturas superficiales del mar aumentan de manera anómala en una extensa zona del Pacífico central y oriental, acompañadas por cambios en los vientos y en la circulación atmosférica.
En condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas cálidas hacia el Pacífico occidental. Cuando aparece El Niño, esos vientos se debilitan y una parte importante del calor acumulado en el océano se desplaza hacia el centro y oriente del Pacífico.
Ese movimiento modifica la formación de nubes y la distribución de las precipitaciones a miles de kilómetros de distancia. Por eso, mientras algunas regiones del planeta pueden recibir lluvias extraordinarias, otras enfrentan periodos más secos y cálidos.
La OMM advierte que un episodio fuerte de El Niño puede incrementar la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal, sequías, inundaciones y episodios de calor extremo, aunque la intensidad del fenómeno por sí sola no permite determinar qué tan severos serán sus efectos en una región específica.
El actual episodio adquiere especial relevancia porque se desarrolla en un planeta que ya registra temperaturas oceánicas y atmosféricas elevadas. La combinación de ambos factores puede hacer más compleja la respuesta del clima.
Michoacán, en una zona sensible a los cambios de precipitación
Para Michoacán y otros estados del occidente mexicano, el principal punto de atención está en la distribución de las lluvias.
El Servicio Meteorológico Nacional señala que El Niño puede modificar de manera importante los patrones de precipitación y temperatura en México, aunque sus efectos cambian dependiendo de la intensidad del episodio y de la época del año. En eventos intensos registrados históricamente, se han observado condiciones de lluvia por debajo de lo normal en amplias zonas del oeste, centro y sur del país, particularmente durante verano y otoño.
Los antecedentes muestran por qué Michoacán debe mantenerse bajo vigilancia. Un análisis de Biodiversidad Mexicana documentó que durante 1998, después de un episodio intenso de El Niño, Michoacán, Jalisco y Guanajuato registraron precipitaciones mínimas durante abril, con efectos visibles en cuerpos de agua y ecosistemas.
Sin embargo, esto no significa que el estado vaya a permanecer seco durante todo el periodo. El clima regional responde también a otros sistemas atmosféricos, como ciclones tropicales, ondas tropicales, frentes fríos y condiciones particulares del Pacífico.
De hecho, durante junio de 2026 el SMN reportó episodios de lluvias intensas y muy fuertes en diferentes regiones de Michoacán, una muestra de que la presencia de El Niño no elimina las precipitaciones ni permite predecir el comportamiento de cada día.
Agricultura, agua y temperaturas, entre los sectores que deben observarse
La importancia para Michoacán va más allá del pronóstico diario.
Una modificación persistente en la cantidad o distribución de las lluvias puede repercutir en la agricultura, ganadería, almacenamiento de agua, humedad de los suelos, disponibilidad de pastizales y riesgo de incendios forestales.
También puede afectar la planeación de cultivos. Una temporada con lluvias irregulares puede generar problemas tanto por falta de agua como por precipitaciones concentradas en periodos cortos, que favorecen escurrimientos y erosión sin necesariamente garantizar una adecuada recuperación de la humedad del suelo.
El sector forestal también permanece expuesto. El propio SMN señala que la interacción entre El Niño y otros patrones atmosféricos puede alternar periodos secos y húmedos, modificando las condiciones que favorecen la propagación de incendios.
Para las ciudades y comunidades michoacanas, el comportamiento de las temperaturas será otro factor relevante. La OMM prevé una alta probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en gran parte del planeta durante los próximos meses.
Un fenómeno global con consecuencias locales
El Niño no es un evento aislado del Pacífico. Sus efectos pueden sentirse simultáneamente en diferentes continentes.
La OMM relaciona este fenómeno con cambios en los regímenes de lluvia, sequías en algunas regiones, precipitaciones e inundaciones en otras y modificaciones en la actividad de determinados sistemas atmosféricos. Su impacto depende de la ubicación geográfica, la estación del año y la interacción con otros patrones climáticos.
En el caso de México, esto obliga a evitar conclusiones simplistas. El Niño no significa necesariamente menos lluvia para todo Michoacán ni garantiza temperaturas extremas todos los días. Lo que aumenta es la posibilidad de que los patrones habituales se alteren y que se presenten temporadas con mayor irregularidad.
El SMN informó desde junio que las condiciones de El Niño ya estaban presentes en el Pacífico ecuatorial y anticipó una intensificación hacia el invierno de 2026-2027. En ese momento estimaba 63 por ciento de probabilidad de que alcanzara la categoría de muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Tres meses después, la OMM elevó considerablemente la certeza sobre la evolución del fenómeno y ahora considera cercana al 100 por ciento la probabilidad de que El Niño persista hasta febrero de 2027.
Para Michoacán, el escenario obliga a seguir de cerca los reportes oficiales sobre lluvias, temperaturas, sequía, disponibilidad de agua y condiciones forestales. El comportamiento del Pacífico durante los próximos meses será una de las variables que deberán observar agricultores, autoridades y población en general.
Más que anticipar un desastre, la señal actual plantea la necesidad de prepararse para un clima menos predecible, especialmente en una región donde el agua, la agricultura y las condiciones ambientales tienen un peso importante en la actividad económica y en la vida cotidiana.
La evolución de El Niño continuará siendo vigilada durante el otoño y el invierno, cuando los modelos internacionales prevén que el fenómeno alcance su mayor intensidad..

