Una fotografía captada en Canadá muestra al Sol con un tono rojizo y varias manchas solares claramente visibles, un aspecto que podría confundirse con la vista desde un exoplaneta, pero que en realidad fue provocado por el humo de los incendios forestales que cubrió parte del noroeste del Pacífico durante julio de 2026.
La imagen fue tomada el 22 de julio de 2026 en la región de Okanagan, en la provincia canadiense de Columbia Británica, por la fotógrafa Debra Ceravolo.
El paisaje atmosférico generado por los incendios forestales permitió obtener una fotografía poco habitual de nuestra estrella. El humo presente en la atmósfera funcionó como una especie de filtro natural que redujo la intensidad de la luz solar y modificó los colores que llegaron hasta la cámara.
El resultado fue un Sol de apariencia más tenue y rojiza de lo habitual, acompañado por detalles de su superficie que normalmente resultan difíciles de observar en una imagen convencional.
Entre ellos destacan varias manchas solares, regiones de intensa actividad magnética que presentan una temperatura menor que las zonas que las rodean y, por esa razón, aparecen más oscuras en las imágenes del Sol.
El humo transformó el aspecto de nuestra estrella
La explicación del fenómeno se encuentra en las diminutas partículas suspendidas en el aire como consecuencia de los incendios forestales.
El humo contiene partículas que pueden dispersar y bloquear parte de la radiación solar. Al atravesar esta capa atmosférica, la luz que llega hasta un observador cambia de apariencia y puede adquirir tonalidades más cálidas, especialmente rojas y anaranjadas.
Ese mismo efecto puede intensificar los colores de los amaneceres y atardeceres, creando cielos con tonalidades inusualmente llamativas.
En la fotografía también destaca la región activa AR 4493, descrita como un grupo de manchas solares de gran tamaño y evolución rápida. Las regiones activas como esta son zonas donde los campos magnéticos del Sol son particularmente intensos y pueden estar asociadas con fenómenos de actividad solar.
La imagen, por tanto, no muestra un Sol diferente, sino a nuestra propia estrella observada a través de una atmósfera cargada de partículas provenientes de los incendios.
Aunque el humo permitió que la cámara captara directamente el disco solar bajo determinadas condiciones, esto no significa que sea seguro observar el Sol a simple vista. Mirarlo directamente puede provocar daños permanentes en los ojos, incluso cuando su brillo parece reducido por humo, nubes o neblina.
Un adelanto de cómo cambiará el Sol dentro de miles de millones de años
La apariencia rojiza de la fotografía también recuerda que el Sol no permanecerá para siempre como la estrella que conocemos actualmente.
Dentro de aproximadamente 5 mil millones de años, cuando haya agotado buena parte del hidrógeno disponible en su núcleo, el Sol comenzará una nueva etapa de evolución y se expandirá hasta convertirse en una gigante roja.
Durante esa fase, su tamaño aumentará enormemente y su superficie será más fría, lo que hará que su luz adopte tonalidades más rojizas.
Ese proceso, sin embargo, se encuentra a una escala temporal inimaginablemente distante. Por ahora, el Sol continúa siendo una estrella en una etapa relativamente estable de su evolución.
La fotografía tomada en Columbia Británica ofrece así una combinación poco común entre astronomía y fenómenos terrestres: una estrella de miles de millones de años observada a través de partículas producidas por incendios ocurridos en nuestro propio planeta.
El resultado parece una escena extraterrestre, pero es, en realidad, una imagen de nuestro propio Sol transformada por la atmósfera terrestre.
Crédito y copyright de la imagen: Debra Ceravolo.

