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9 de septiembre de 2026

Durante décadas, millones de personas aprendieron geografía mirando un mapamundi en el que Groenlandia parecía casi tan grande como África. El problema es que, en la realidad, esa comparación está muy lejos de ser cierta.

África tiene una superficie aproximada de 30.3 millones de kilómetros cuadrados, mientras que Groenlandia ronda los 2.17 millones. Eso significa que África es alrededor de 14 veces más grande que Groenlandia. Sin embargo, en los mapas basados en la conocida proyección de Mercator, ambas superficies pueden parecer sorprendentemente similares.

No se trata de que alguien haya dibujado África más pequeña de manera deliberada. La explicación está en una dificultad que ha acompañado a la cartografía durante siglos: ¿cómo representar una Tierra esférica sobre una superficie plana?

El problema está en convertir una esfera en un rectángulo

La Tierra no es plana. Cuando intentamos colocar su superficie sobre una hoja de papel o una pantalla, necesariamente tenemos que deformar algo.

La proyección de Mercator fue desarrollada por el cartógrafo Gerardus Mercator en 1569 y tuvo una enorme importancia para la navegación porque permite representar determinadas direcciones de manera especialmente útil para los navegantes. El problema aparece cuando ese mismo tipo de mapa se utiliza para comparar visualmente el tamaño de países y continentes.

En la proyección de Mercator, la distorsión aumenta conforme nos alejamos del ecuador. Las regiones ubicadas en latitudes altas aparecen progresivamente más grandes de lo que son en realidad. Por eso Groenlandia, Canadá, Rusia y otras regiones del norte pueden verse mucho más grandes, mientras que África y otras zonas cercanas al ecuador parecen relativamente reducidas.

Entonces, ¿Groenlandia no es tan grande?

Sí es enorme. Pero no es comparable con África en superficie.

La diferencia puede resultar difícil de imaginar porque durante generaciones hemos visto representaciones cartográficas similares.

Si África tuviera que colocarse junto a Groenlandia respetando sus proporciones reales, la diferencia sería evidente: por cada superficie equivalente a Groenlandia cabrían aproximadamente 14 en África.

La misma distorsión genera otras comparaciones sorprendentes. Alaska puede parecer cercana en tamaño a Brasil, aunque Brasil tiene casi cinco veces más superficie. Australia también puede parecer mucho más pequeña de lo que realmente es frente a algunas regiones del hemisferio norte.

¿Por qué se está hablando de cambiar el mapamundi?

El debate volvió a tomar fuerza en septiembre de 2026 después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara una resolución para promover representaciones cartográficas que reflejen con mayor fidelidad las proporciones reales de los territorios.

La iniciativa fue impulsada por Togo y respaldada por países africanos y la Unión Africana. La resolución recibió 164 votos a favor, seis abstenciones y un voto en contra, el de Estados Unidos. No se trata de una prohibición de la proyección de Mercator ni de una obligación para que todos los mapas del planeta cambien inmediatamente. Es, principalmente, un llamado para favorecer representaciones más precisas en ámbitos como la educación, la comunicación y las plataformas digitales.

Entre las alternativas destaca Equal Earth, una proyección desarrollada específicamente para representar las superficies terrestres de manera proporcional. Es decir, busca que cuando comparemos el tamaño de dos territorios en el mapa, la relación entre sus áreas corresponda mucho mejor con la realidad.

Pero hay algo importante: ningún mapa plano es perfecto

Aquí está una de las claves para entender esta discusión.

No existe un mapamundi plano capaz de representar perfectamente la Tierra.

Cada proyección cartográfica tiene que sacrificar alguna característica: puede deformar áreas, formas, distancias o direcciones.

Mercator, por ejemplo, resulta especialmente útil para determinados usos de navegación, pero no es la mejor opción para enseñar cuánto territorio ocupa realmente cada continente.

Equal Earth pertenece a otro grupo: las llamadas proyecciones de igual área, diseñadas para conservar las proporciones de superficie. A cambio, las formas y algunos aspectos de la apariencia geográfica pueden modificarse.

Por eso la discusión no debería reducirse a decir que un mapa es “verdadero” y otro “falso”.

La pregunta correcta es:

¿Para qué queremos utilizar el mapa?

Si queremos navegar, determinadas características de Mercator pueden resultar muy útiles. Si queremos comparar el tamaño real de los continentes, necesitamos una proyección que conserve mejor las áreas.

¿Y por qué importa tanto corregir esta percepción?

A primera vista podría parecer un asunto meramente escolar. Después de todo, sabemos que África es más grande que Groenlandia.

Pero los mapas no solamente sirven para ubicarnos.

También construyen nuestra percepción del mundo.

Cuando una persona observa durante años un mapa en el que determinadas regiones aparecen gigantescas y otras considerablemente reducidas, esa imagen termina convirtiéndose en una referencia mental.

La distorsión no cambia las fronteras, la superficie real ni la importancia geográfica de ningún país. Pero sí puede influir en nuestra percepción de las dimensiones del planeta.

África es un ejemplo particularmente llamativo. Con unos 30.3 millones de kilómetros cuadrados, el continente es tan grande que en su superficie podrían caber Estados Unidos, China, India y buena parte de Europa. Sin embargo, en un mapamundi de Mercator puede parecer sorprendentemente pequeño frente a las regiones del norte.

Por eso el debate actual no consiste simplemente en “cambiar un dibujo”.

Se trata de hacer consciente al público de que el mapa que tenemos frente a nosotros también es una interpretación matemática de la realidad.

La próxima vez que veas un mapamundi, recuerda esto

Cuando observes Groenlandia, Canadá o Rusia ocupando enormes espacios en la parte superior del mapa, no significa necesariamente que tengan esas proporciones respecto al resto del planeta.

Y cuando veas África cerca del ecuador, recuerda que su tamaño real es mucho mayor de lo que muchos mapamundis tradicionales nos hicieron imaginar.

La próxima generación probablemente tendrá acceso a representaciones mucho más diversas de nuestro planeta: algunas diseñadas para navegación, otras para conservar distancias y otras para mostrar con mayor fidelidad las superficies.

El mundo no cambió de tamaño. Lo que está cambiando es la manera en que lo representamos.

Y quizá esa sea la principal lección de esta discusión: durante décadas no estuvimos viendo un planeta “equivocado”; estuvimos viendo una de las muchas formas posibles de dibujar una Tierra que, por naturaleza, no cabe perfectamente en una hoja de papel.

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